El valor de una farmacia no se improvisa ni depende de mensajes comerciales de empresas que dicen «bajar el precio». La farmacia vale en función de sus circunstancias reales (facturación, ubicación, rentabilidad y estructura de gastos), por lo que la labor del intermediario debe ser defender su valor real con rigor, conocimiento del mercado y argumentos sólidos, sin inflar expectativas con cifras irreales para captar clientes.
Un aspecto crítico en el sector es la retención de las arras (entorno al 10% del precio) por parte del intermediario durante semanas o meses bajo una supuesta idea de protección. Al mantener este dinero en su poder, el intermediario concentra una posición de dominio y desplaza el control económico de la operación hacia un tercero que no es propietario de la farmacia ni parte compradora.
Frente a esta práctica, se defiende la propiedad del dinero y la transparencia: si las arras forman parte de la estructura económica del contrato, deben estar en la esfera del vendedor y no en manos de quien intermedia. El papel del profesional es acompañar la operación y no ocuparla, garantizando que el titular conserve el control de su negocio, el precio pactado y las cautelas jurídicas.
Una transmisión ordenada protege a ambas partes mediante la seguridad jurídica y la consistencia. En la compraventa de oficinas de farmacia, tan importante como cerrar una operación es cómo se cierra; la confianza se construye defendiendo con rigor el valor de cada farmacia y garantizando que el control de la operación permanezca siempre en manos de sus verdaderos protagonistas.
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